9 abr. 2012

Nacer y morir en cada respiración


Si deseas percibir la vida y su sentido, observa tu respiración y siente lo que ocurre. Percibe que entre cada inspiración y expiración hay un intervalo en el que se crea un pequeño silencio, un pequeño momento en el que el diafragma decide si desea seguir moviendo nuestra vida. Agradece dicho instante, pues, no se volverá a repetir de la misma forma al igual que nunca podremos bañarnos dos veces en el mismo río.  

Nuestra vida puede ser mental o real, dependiendo de la consciencia que tengamos con respecto al arte de respirar. Ese milagro que nos une y nos separa de la vida constantemente. Tú eres un ser divino que, además de poder vivir, tienes el poder de crear y participar de todo lo que te rodea. Si deseas participar y aportar lo mejor que hay en ti, respira conscientemente, persiste y observa el poder que tiene dicho acto.

La respiración no es solo un paso de aire e intercambio de oxígeno y dióxido de carbono, sino que, yendo más allá del puro contexto físico, es un intervalo entre el nacimiento y muerte que estamos viviendo constantemente, del que no solemos ser conscientes por llevar vidas mentales donde todo lo que ocurre se desenvuelve en un contexto ilusorio, futuro o pasado, despreciando el instante donde ocurre todo, donde nuestra energía se desenvuelve aquí y ahora.

Si aun no eres consciente del poder que tiene la respiración, te invito a incluir el hábito de llevar tu atención a dicho acto, hasta que sea algo normal en tu vida.

Respirar es el acto más intenso, puro y profundo que un ser humano puede experimentar constantemente, alimento del alma y del cuerpo, rumbo de nuestra más dichosa orientación espiritual.

Respira, aquí y ahora, y siente su poder, siente la dicha de estar naciendo y muriendo en cada instante, sin tener que hacer nada más, hasta que la dicha llene tu vida.