10 abr. 2012

Amar


Adentrémonos en la aventura de descubrir qué es verdaderamente amar para, desde allí, proyectar una vida dichosa, plena e intensamente viva y verdadera.  

Son muchas las ocasiones en las que he visto especular a personas sobre el concepto “amor”, pero pocas veces he visto in situ a la gente “amar”.

Seguimos liderando nuestros actos por el miedo y este es el mayor obstáculo hacia la libertad de la energía del amor.

Amar es un acto divino que nos conecta rápidamente con la energía del corazón. A través de ella, es mucho más fácil tomar decisiones y hacer de ellas algo dulce y especial para todos.

Pero, ¿qué es exactamente amar? Cuando una persona ama:

1.     Está totalmente presente, existe en cada instante de su existencia.
2.     Sus pensamientos, su palabra y su forma de ser nacen en el corazón.
3.     Emana una frecuencia dulce y despreocupada sobre el futuro, haciendo del presente un acto divino de tremendo poder.
4.     Solventa las dificultades desde el amor que siempre emana de un corazón compasivo, comprensivo, generoso y lleno de luz divina.
5.     Existe cada instante, agradece cada oportunidad existencial, conoce el lenguaje de la vida, camina valerosamente y con calma.

Ante estos pasos, cualquiera de nosotros diría que amar es un acto demasiado elevado para los seres humanos tradicionales, pero, partiendo de que somos semillas potencialmente preparadas para amar, lo que quizá nos haga falta es darle el poder a nuestro corazón y dejar que él lidere nuestra vida sin más.

El corazón sabe, conoce, comprende, existe en casa instante, pues, su danza está siempre ahí, sonando en nuestro pecho. Él sabe lo que necesita y lo que no. El es amor.

Dejemos que él lidere nuestra vida en cada instante, que se manifieste y haga su obra. Dejemos que él sea el que tome las decisiones más importantes y haga de la vida en este planeta algo increíblemente bello.

El único y más duro oponente al corazón es la mente, de ahí la importancia de estar presente y de conectar con la fuente que alimenta nuestra existencia, la respiración. Respiremos y dejemos que la voz del corazón se exprese.  
  
El corazón es la senda divina hacia la realización espiritual. Él necesita respirar cada momento, vive cada instante, con total presencia, para ajustar la realidad a su ciencia, la ciencia del amor que todo lo contiene, en la que se hospeda la verdadera sabiduría.