8 may. 2012

Un sencillo ejercicio, regalo para tu alma



Me gustaría invitarte a parar por un momento, a tener la solvencia de frenar, aquí y ahora, para que sientas con total profundidad tu respiración.

"No te cuestiones, desde tu mente, si debes o no hacerlo,
es solamente para que disfrutes de un momento de calma"

Observa cómo entra y sale el aire. Disfruta al ver como sale el aire y no ofrezcas  ninguna resistencia cuando decida marcharse. Siente como mueres en cada expiración, pero sobre todo, la dulce sensación que te embarga al fluir con la vida en este instante.    

Continúa observando tu respiración. Ahora, adopta una postura lo más relajada posible, controlando los músculos de tu espalda, apoyando con suavidad los pies en la tierra. Siente como la energía de la tierra sube a través de tus plantas hacia las rodillas y cadera nutriendo todo tu ser.

Elige tu actitud. Elige sonreír y mantén la sonrisa durante unos  minutos. Observa qué ocurre cuando decidimos sonreír durante un tiempo prolongado.

¿Eres consciente de que todo está bien tal y como está?

No contestes a la pregunta, solamente has leído una frase. Tu mente está ahí, queriendo tomar el protagonismo, pero, no le vamos a dar ese placer, pues, en el momento que nos embarcamos en especulaciones, perdemos la presencia del momento. Ahora vamos a seguir en nuestra calma independientemente de las ideas, dudas o imágenes que nos asalten.   

Sigue respirando, sigue, sigue… Relaja los músculos que no estén participando en la postura, como son los párpados, los hombros, el lumbar y todos aquellos que no estén facilitándote mantener la postura que ahora tienes.

Cierra un momento los ojos y toma una gran inspiración, manteniendo unos segundos el aire antes de dejarlo marchar de nuevo y libera tus tensiones en esa expiración, lenta y profundamente hasta que no te quede nada de aire en los pulmones. Vuelve a tomar aire, ahora que has vaciado los pulmones y siente como entra más aire, empapando esta nueva inspiración por esa buena sensación que ya comienzas a sentir en todo tu cuerpo.

¡¡Todo está bien como está!!

Hermano mío, hermano del alma, tú debes sentirte bien pues, todo lo que nos rodea es parte de un decorado al que hemos sido arrojados. Ahora y cuanto más tiempo te sientas bien, mejor será para todos, pues, aportarás calma, luz y sosiego. Hermano mío, camina conmigo en este momento, sintiéndote bien contigo mismo y con todos los demás y sigue respirando, conscientemente siempre que desees recuperar tu estado de calma, la cual, siempre está ahí esperando ser disfrutada.

Un abrazo inmenso, hermano del alma.