6 jul. 2012

Tiempo vital



Son muchos los entendidos que se arriesgan a decir que el tiempo no existe, que el tiempo es un parámetro que, bajo la influencia de la mente deja de tener un sentido cerrado, además de otras muchas descripciones sobre el mismo.

Pero todos estamos de acuerdo en que, de una forma u otra, todo fluye, cambia, envejece y se transforma, y esto me ayuda a comprender que, sin tener que entrar en definiciones concretas, nuestra estancia en esta dimensión es temporal.

Esto me invita a pensar que podría ser útil hacer de ella algo digno de ser vivido…

Nuestra vida deambula entre ideas, conceptos, deseos, proyecciones, mientras la vida pasa y el tiempo vital se nos escapa, pues, ¿existe alguna forma más profunda de vivir que no sea amando sin más?

Podemos hacerlo con total responsabilidad y cariño, respetando los dictados del corazón, con total apertura y valentía, pues, amar no es otra cosa que estar y agradecer cada instante que la intención divina nos proporciona.

Tú, eres un milagro y puedes mostrarlo al mundo. Tú, infinito milagro amoroso, puedes decidir estar y agradecer cada instante, deleitarte con cada retazo de belleza que este universo muestra ante tus ojos. Tú, divino ángel, puedes amar pase lo que pase y puedes hacerlo desde el corazón.

Para lograr amar en nuestro tiempo vital, podemos simplemente comenzar los días, construyendo una vida más sencilla, ordenada, presente y amorosa. Podemos frenar y preguntar a nuestro corazón cómo se siente y qué desea hacer para, desde ahí, agradecer cada día, cada instante y abrazar a nuestros hermanos. 

Ayúdemos a nuestros más cercanos hermanos, que no son otros que los seres humanos, animales, plantas y elementos que constituyen parte del decorado que la intención divina nos concede experimentar.

Tú, eres amor, para proyectarlo, déjalo salir cada día un poco.

Añade pensamientos distintos a tu vida, prueba…

Añade una nueva forma de expresar, aunque al principio te cueste…

Añade una nueva forma de hacer las cosas, aunque te sea complicado, pues, un día te harás inconscientemente hábil en amar por amar.

Te amo.