22 ene. 2012

COMIENZO LA PRÁCTICA DE YOGA

   Llegó a mí una tabla que había estado prácticando unos meses mi hermano Ezequiel. 

  No tenía mentor, guía o persona que dirigiera mis pasos, pero aquella tabla comenzó a ser para mí la llave hacia mi salvación, por ser la "única opción que tenía frente a mí".


  El recuerdo del estado que ví en mi hermano me alentó, pero sobre todo las inmensas ganas de vivir, de ser feliz y de sentir un poco de paz en mi pecho. 

  Comencé, con disciplina, a prácticar todos los días. Perseveré sin recoger frutos, por la sencilla razón de que quería creer que aquel camino podía darme algo de luz. Continué durante días, meses e incluso al llegar el año aun no había encontrado esa calma que tanto ansiaba. 


  La práctica no evitó que tuviese una nueva recaída, pero si me permtió vivirla sin medicación y descubrir la razón de la enfermedad que me había estado acompañando durante aquel perdiodo de mi vida. 

  Mi mente estaba demasiado sucia y mi presencia agitada, y al continuar prácticando yoga alcancé la verdad de que, la paz que encontraba en la práctica, podría acompañarme fuera de las sesiones en todo lo que hacía. Y así comencé a hacer de mi vida algo totalmente distinto, pues, no solo sané, sino que encontré ese estado de dicha que tanto nombran los grandes maestros que han despertado en esta tierra...

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