1 sept. 2012

Pensamiento, palabra y acto, siguen siendo la fórmula.




Seguimos deseando ver ante nosotros mejoras en nuestra vida, sin darnos cuenta de que para que esto suceda debemos tener en cuenta que el pensamiento es la tierra sobre la que sembramos todas las semillas que, más tarde, dan el fruto deseado.

Queremos tener amor en nuestra vida pero seguimos hablando sin ningún control, comunicando desde el ego y dejándonos llevar por lo deseos vanos que la vida material puede proporcionarnos. No está mal disfrutar de ellos como parte de la experiencia de la vida, pero, la dicha verdadera supera los límites que el placer suele indicar, para adentrarnos en un mar de calma una vez que soltamos nuestro deseos.

Somos amor, no busques más, profundiza en tu ser y descúbrelo. Y si no encuentras en tu pensamiento nada al respecto, comienza a construir una nueva tierra en la que proyectar nuevos pensamientos, nuevas creencias que apoyen una nueva forma de ver la vida y de vivirla. 

Queremos tener prosperidad en nuestra vida pero seguimos pidiéndole a Dios, Universo o quien sea, cosas, despreciando lo que ya tenemos. Cíñete a disfrutar de todo lo que hay a tu alrededor para más tarde ver, dentro del agradecimiento, como hay aun muchas más cosas que te facilitan y ayudan a vivir una vida plena y llena de posibilidades.

La prosperidad es una forma de vivir. Se produce cuando, en primer lugar, el sistema de creencias sobre el que apoyas tu vida es próspero, generoso y sabio.

Queremos ser felices y sin embargo traicionamos dicho objetivo desconectando continuamente de la fuente de la que emana dicho deleite, nosotros mismos. Comenzando por separarnos de los demás y terminando por juzgar o creer que somos mejores que los que están en una vibración distinta. La felicidad es un estado al que se llega desde el vehículo en el que habitamos, nosotros. 

Recordemos todo lo que somos y trabajemos sobre cada una de las partes que van finalmente a permitirnos ser dichosos, nuestra mente (nuestros pensamientos y sistema de creencias), nuestra forma de comunicarnos (haciéndola coherente con nuestro sistema de creencias) y nuestros actos (los cuales confirman todo lo anterior).

Si deseas alcanzar la luz en esta vida, comienza desde hoy a descubrir, analizar y ordenar el sistema de creencias que te has creído, por si tu nivel de dicha está por debajo de lo suficiente como para disfrutar de tu existencia. Comprendo que suena a fórmula matemática, pero, quizá sea así y para saber si somos felices haya que ir evaluando cada instante qué sistema de creencias está proyectando nuestra vida, pues, no cabe duda de que es algo cambiante a pesar de que los pilares sobre los que se asientan la mayor parte de nuestros pensamientos tienen raíces muy arraigadas donde, presumiblemente, resida la parte más importante sobre la que tenemos que trabajar.

Recuerda que tú puedes ser el dueño de tu experiencia vital, aunque hoy no lo seas y si ya lo eres, sólo tienes que mantener ese rumbo para ser un ejemplo más de cómo se puede vivir dichoso en este planeta.  

Un abrazo de luz.